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Somos unos idiotas creyendo que lo sabemos todo.

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Hay un viejo dicho que dice: «El hombre que sabe todo no aprende nada«.

Se que en esta época de confinamiento y/o cuarentena muchos están aburridos y lo que menos les interesa es leer. Les quiero confesar que también me he aburrido pero de leer a tantos eruditos de las redes sociales sobre esta pandemia del Covid19 o Coronavirus.

Tal vez hoy les parezca grosero o antipático por el titulo de este artículo, pero sí, “somos unos idiotas creyendo que lo sabemos todo”.  

Es increíble que en pleno siglo XXI, se lean titulares como: “Más de 100 intoxicados en EE.UU por ingerir desinfectante tras la recomendación de Trump para tratar el coronavirus”.

Por Dios!. Son ese tipo de situaciones las que me llevan a creer que podemos tomar alguna idea por más descabellada que sea y hacer girar una historia completa y convincente a su alrededor… Con esa historia vamos a tener miles de seguidores y discípulos replicándola aunque no necesariamente que sea correcta. (el que tenga oídos para oír que oiga)

No voy a darle tinte político a este artículo, pero si esa recomendación de tomar desinfectante hubiera venido por ejemplo de Nicolás Maduro o de cualquier otro presidente latino que sale con sus locuras, creo que no fuera tan descabellada porque estamos acostumbrados a sus constantes desatinos, pero que venga del presidente Trump, nos deja frente a un claro ejemplo del efecto Dunning-Kruger, ese sesgo cognitivo en el que las personas sobrestiman erróneamente sus conocimientos o habilidades en un área específica. Esto tiende a ocurrir porque la falta de autoconciencia les impide evaluar con precisión sus habilidades.

En palabras mas entendibles es el efecto que nos hace pensar que sabemos más de lo que sabemos y a considerarnos más inteligentes de lo que somos, por eso casi nunca escuchamos o damos crédito a otras opiniones. 

Este es un fenómeno real, lo había notado en mi (si he caído bajo sus tentáculos) pero no sabia que era, y tal vez usted lo haya experimentado también. 

Una forma fácil de notarlo es en esas reuniones de amigos o familiares cuando alguien comienza a hablar de un tema específico (sobretodo político o religioso) y proclamar audazmente que su opinión es la correcta y que las opiniones de los demás son estúpidas, no tienen valor, no significan nada o están equivocadas; esta persona defiende su argumento a capa y espada, pero podemos notar claramente que no tiene ni la mas mìnima idea de lo que está hablando y mucho menos se da cuenta de su propia ignorancia. Dígame que no es así!

Siempre he creído que la ignorancia y la incompetencia tratan de hacerse pasar por experiencia, no más analicen el comportamiento de algunos jefes o algunas personas con poder, son tan incompetentes pero a la vez tan “bendecidos” con una confianza inapropiada, impulsada por algo que les parece conocimiento pero que no lo es.

Este efecto puede tener un profundo impacto en lo que creemos, las decisiones y acciones que tomamos, pues muchas veces perdemos la capacidad mental de darnos cuenta de cuán ineptos somos. Esta idea que todo lo sabemos nos impide reconocer la habilidad y experiencia genuinas de otras personas y  lo peor en la mayoría de los casos no nos va a permitir reconocer nuestros propios errores y falta de habilidad, ya que al tener solo un poco de conocimiento en algo podemos hacernos a un exceso de confianza.

No soy muy seguidor de las teorías de Darwin, pero él ya lo había descubierto: 

La ignorancia genera más confianza que el conocimiento, son aquellos que saben poco, y no esos que saben más, quienes tan positivamente afirman que este o aquel problema nunca será resuelto.

No hay duda que nadie quiere pasar por una persona que no sabe, pero la ignorancia es atrevida y como leí en cierta ocasión: la mayoría tendemos a valorarnos a nosotros mismos por encima de la media, cosa que, lógicamente, es estadísticamente imposible.

Siempre que escribo temas como este, aclaro que no soy psicólogo y respeto profundamente a estos profesionales, solo leo y deduzco mis propias conclusiones, y por eso me atrevo a decir que somos unos idiotas creyendo que lo sabemos todo, porque juzgar nuestra propia competencia requiere algo que los psicólogos llaman habilidad metacognitiva o mejor dicho, la capacidad de examinar nuestros propios pensamientos y crear estrategias de aprendizaje que nos ayuden a regular nuestro conocimiento.

La metacognición requiere que renunciemos a nuestra perspectiva egocéntrica habitual y que nos examinemos desde afuera. En lugar de creer alegremente que somos inteligentes, divertidos o interesantes, debemos salir de nuestra piel y evaluarnos más objetivamente.

Creo que nadie quiere ser un “idiota sabelotodo” o estar bajo el efecto Dunning-Kruger, por eso he llegado a la conclusión que podemos mejorar y una forma de saber si nos estamos desempeñando bien, es a través de comentarios de personas que pueden darnos una opinión objetiva de nuestro comportamiento, en otras palabras a través de una retroalimentación.

Eso implica que debemos estar abiertos a escuchar lo que esas personas en quien confiamos tienen que decir de nosotros y dejar a un lado nuestra postura de estar a la defensiva o creer que lo sabemos todo.

Termino con un verso de la Biblia en Romanos que dice:

Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado.

Romanos 12:3 – Nueva Traducción Viviente (NTV)


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