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Padre Linero, tampoco yo te condeno. Tu sabes!

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Y aquí estoy de nuevo, con cosas que solo ocurren en la vida real.

Esta semana en Colombia ha sido una noticia explosiva la decisión del Sacerdote Eudista Alberto Linero de retirarse del sacerdocio, porque según él mismo expresa: “me mamé de la soledad”.

No se han hecho esperar los comentarios en las redes sociales. Es increíble ver la falta de respeto, el indecoro y las acusaciones por montón que han arrojado sobre este cristiano, con montajes en fotos y vídeos intentando denigrar su imagen como ser humano, por una decisión que sólo a él le incumbe.

Por años he creído que las redes sociales nos están volviendo locos, porque solo a alguien que no tiene ni la más mínima pizca de cordura se le ocurre publicar y atacar vilmente a  su prójimo a quien no conoce realmente, atentando contra su dignidad y tachando sus decisiones personales que en nada lo afectan, y eso ocurre sólo porque la capacidad mental quien se dedica a este ejercicio no le da para más.  

Muchos no comprenden que la soledad es uno de los graves problemas de nuestro tiempo. Estar solos, no significa que no tengamos compañía. Somos más solitarios en relaciones equivocadas que por estar realmente solos, y muchas veces podemos estar rodeados por una gran multitud y sentirnos verdaderamente solos. Esto me lleva a pensar que no es importante la cantidad de interacción social que tengamos, sino la calidad de la misma.

Y qué decir de la tecnología, un agravante de la soledad. El poder de las redes sociales unido a nuestros celulares o computadores han hecho que cada vez tengamos más relaciones superficiales. Entonces hoy nuestra paradoja es vivir aislados pero accesibles dentro de un mundo de comunicación instantánea e ilimitada, con tiempo y espacios “interminables”, pero distanciandonos cada vez más el uno del otro. Nos hemos convertido en una sociedad menos real, y pareciera irónico, pero mientras más conectados estamos, más solitarios somos.

Pero volviendo al tema que me ha motivado a escribir estas cortas líneas, han salido por montones los “jueces” a juzgar la decisión del sacerdote Linero, la mayoría llamados cristianos y líderes religiosos, y eso me hace acordar de la historia de la mujer adúltera de San Juan 8:1-11.

Los fariseos le habían traído a Jesús esta mujer medio vestida justo en medio de su enseñanza y trataron de atraparlo en una trampa. ¿Debería ser lapidada o liberada?

En esta escena, existía un dilema: Si Jesús la liberaba, los fariseos lo acusarían de ignorar la Ley de Moisés y considerarlo hereje. Si Él la condenaba a muerte por lapidación, entonces sus enseñanzas de gracia y perdón serían negadas.

Los líderes religiosos sostenían las piedras (que hoy se lanzan virtualmente en las redes sociales) seguros y listos para ejecutar el veredicto de Jesús. Me imagino la tensión en ese momento, y el susto de esta pobre mujer, pero finalmente cuando Jesús se levanta y pronuncia su veredicto: “Si alguno de ustedes está sin pecado, que sea el primero en tirarle una piedra”, sorprendentemente uno a uno de los que estaban listos para ejecutar a esta mujer, dejaron caer sus piedras y se esfumaron en medio de la multitud.

Estaban tan condenados que comenzaron a desaparecer uno por uno. Tal vez el más viejo se fue primero porque tenía más pecados que contar. Sabían que no eran inocentes.
Después que el último de los fariseos despejó la escena, Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?

Ella respondió: “Nadie, Señor”.

Es entonces cuando Jesús le dice: “Entonces tampoco yo te condeno”. Es irónico observar que Jesús fue el único calificado para apedrearla y no lo hizo.

Por qué razón entonces usted y yo queremos condenar a nuestros semejantes, creyendo que tenemos la autoridad moral para hacerlo? – Viva su vida y deje que los demás vivan lo propio. Mejor ayude a los demás y no los destruya con falsos argumentos o comentarios que en nada edifican ni a usted ni nadie.

Quiero concluir con unas breves reflexiones:

  • Por experiencia propia puedo decirle que en las circunstancias correctas, elegir pasar tiempo a solas puede ser una gran ventaja.
  • La soledad es un ingrediente crucial, pero subestimado para la creatividad. Los momentos de soledad, incluso los más pequeños, cuando son autoimpuestos, intencionales y totalmente apreciados, pueden tener profundos efectos en nuestra productividad y pensamiento creativo.
  • Cuando experimentamos momentos de soledad, no solo nos vemos obligados a enfrentar quiénes somos, sino que también podemos aprender un poco sobre cómo superar la toxicidad que nos rodea en nuestro entorno social y eliminarla de nuestra vida.
  • Somos condenados más por nuestra conciencia, condenados por nuestra verdadera culpa moral, que condenados por otros. Si las personas nos conocieran mejor, nos condenarían aún más que ellos. Ellos no saben ni la mitad de lo que somos.
  • Si usted no vio con sus propios ojos; ni escuchó con sus propios oídos. No deje que su mente pequeña invente cosas que su boca grande dirá.

Y termino con el título de este artículo, Padre Linero, tampoco yo te condeno. Tu sabes!

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